La infancia es más feliz con el amor de los padres
La infancia es más feliz con el amor de los padres

A menudo tendemos a percibir la infancia como una etapa de ininterrumpida alegría y fantasía, en la que se es inmune a las dificultades exteriores.

Este es un mito, de hecho, basta con mirar en retrospectiva nuestra propia infancia, recordar sucesos difíciles e incluso traumáticos, que de algún modo han influido en quienes somos en la adultez.

Situaciones, relaciones, lugares, que han definido nuestra emocionalidad, modos de relacionarnos, de asumir los retos de la vida, etc., y que en ocasiones, al no lograr por nuestros propios medios hacer un cambio acudimos a terapia y para ese momento ya han pasado años en los que estos modos se han consolidado.

Los niños si bien en sus primeros siete años de vida, no han desarrollado enteramente su dimensión cognitiva, son especialmente sensibles a lo que ocurre en su entorno, ellos observan y captan de un modo directo (es decir, sin que pase por el filtro de la valoración de opciones o evaluación, que es un mecanismo cognitivo) lo que ocurre a su alrededor, de esto queda una huella en su interior que es tomada como referente para la construcción del concepto de sí mismo y de los demás.

Dicho de otro modo, los niños aprenden por imitación, pero lo que queda en ellos es más profundo; trasciende la repetición, se filtra a su inconsciente.

Es por esto que además de preguntarnos ¿qué estamos mostrando a nuestros niños?, estemos atentos a cambios abruptos en su emocionalidad o en su comportamiento, este suele ser un signo inequívoco de que algo le ocurre, algo de su entorno está siendo difícil de asumir para él y requiere ayuda de alguien con experiencia: un adulto, recuerda que la infancia es más feliz con el amor de los padres.

Es fundamental estar atentos a estos cambios y hacer una lectura de esto teniendo en cuenta que se requiere una interpretación adulta de la misma, es decir, hay que intentar descifrar qué es lo que realmente necesita.

Tendemos en general, a hacer lecturas literales por muchas razones, puede ser que no se tenga el conocimiento suficiente, el tiempo, entre otros.

Por ejemplo: un niño que se salta las normas con frecuencia y manifiesta querer hacer algo distinto a sus compañeros de clase, casi siempre (ojo, que no se trata de establecer absolutismos, pero sí de describir lo que se evidencia en el ámbito clínico) lo que requiere es una autoridad más clara y amorosa, por supuesto, que le permita sentirse guiado y seguro.

Si los acompañamos en la expresión y elaboración de situaciones difíciles, en el momento en el que ocurren, el niño se sentirá guiado, seguro y esto sentará un precedente muy significativo para las eventualidades futuras.

Además, sabrá que ante las dificultades hay alternativas, las emociones es posible gestionarlas  y conocerse a sí mismo le permitirá actuar con un grado mayor de consciencia y todo esto contribuirá a que desarrolle de un modo más sano y armónico.

Podemos tener algunos elementos para acompañarlo basados en la experiencia, pero en ocasiones esta no suele ser suficiente y es allí cuando es valioso recurrir a alguien que pueda ayudarnos.

5 maneras de educar a los niños para sobreponerse a las dificultades

  1. Conseguir y tener amigos: Enseña a los niños a hacer y conseguir amigos. Esto ayuda a establecer una red familiar para que ellos se sientan amparados y aceptados.  Las relaciones fortalecen la resiliencia y les brinda apoyo social.
  2. Enséñalos a ayudar a los demás: Cultiva en ellos el espíritu de servicio, la necesidad de ayudar a sus semejantes. Ayudar a otros les permite tener la sensación que son útiles y que pueden hacer algo. De esta manera los niños se sentirán valorados, a través de trabajos voluntarios acorde a su edad, asignarles pequeñas tareas y responsabilidades.
  3. Conservar una rutina: Construye con tu hijo una rutina y apóyalo para que la siga.  Practicar una rutina diaria reconforta a los niños, en especial los más pequeños.  Necesitan saber que cumplen y lo hacen bien, día a día.
  4. Combate la intranquilidad y la preocupación: Es muy importante que tengan una rutina, pero que no se obsesionen con ella. Enséñale a centrarse en sus propósitos, pero también deben aprender a tener tiempo para ellos y hacer cosas diferentes como descanso y juego.  Es importante que estudien, pero también lo es que se distraigan y se diviertan.
  5. Anímalos a fijar metas y lograr resultados, esto alimenta su autoestima: Las fechas importantes, como el inicio escolar y los cumpleaños, son una buena estrategia. Ayudarlos a fijarse objetivos que puedan alcanzar, les permitirá experimentar el valor del logro alcanzado y recibir elogios, el tener desafíos los hará sentir grandes, ten presente que la infancia es más feliz con el amor de los padres.

Si te sientes identificado con lo descrito en este post, en Hakuna Matata podemos orientarte.

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