Un baúl con cuentos de dinosaurios para niños
Cuentos de dinosaurios para niños

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”

Augusto Monterroso

Te has preguntado ¿Qué puede hacer un dinosaurio en la cama?, o ¿Cuántos dinosaurios podrían estar montados en un árbol?, ¿Podrían los dinosaurios ir a la escuela?…

Siempre contamos cuentos de Caperucita Roja, de los tres cerditos, Rapunzel, Simbad y otros tantos personajes y no está mal.

Pero hoy vamos a cambiar la escenografía y los personajes.

Los dinosaurios siempre han despertado en nosotros una curiosidad por lo misteriosos, grandes e imponentes que se ven en los libros de historia.

Su existencia en la tierra y los vestigios que dejaron son ahora parte de las historias que podríamos narrar a nuestros pequeños.

De esta forma los transportaremos a un parque jurásico hecho de palabras.

Hoy queremos tomarte de la mano y llevarte a un lugar con un cajón lleno de cuentos de dinosaurios para niños.

Y qué pasa con los cuentos de dinosaurios…

La imaginación es una mágica herramienta que debemos implementar con nuestros pequeños.

Contar cuentos con dinosaurios a bordo es la mejor excusa para despertar en ellos la creatividad y la curiosidad.

Hacer una antología de cuentos de dinosaurios para niños podría ser la excusa perfecta para crearles y recrearles muchas fantasías antes de que vayan a la cama…o en cualquier hora del día.

Lo primero que vas a hacer es recordar los tiranosaurios rex, los triceratops, velociraptor, estegosaurios, Pterodáctilos, entre otros dinosaurios.

Así que es necesario que primero le muestres a tus oyentes quienes son esos gigantes.

Luego de identificarlos vamos a abrir entonces el baúl con los cuentos de dinosaurios, cuidado con rugir muy duro… ¡se podrían asustar!

Cuentos de dinosaurios para niños y otras fantasías

La vegetación es espesa, es un lugar muy húmedo, los truenos y rugidos están por todas partes, ¡Shhhhhh! No es bueno que hagan mucho ruido.

Es importante que estén todos en sus puestos.

Ya prendimos la máquina de la imaginación y vamos a emprender un viaje por un mundo lleno de gigantes, así que preparados, ¡Shhhhhh!…

¡Dino Rex! deja de ser desobediente

La pobre mamá de Dino Rex era la señora Tiranosauria de Rex y digo pobre porque este era el más desobediente de todos los dinosaurios. 

En la escuela, la profesora Triceratops estaba cansada de pedirle que no le hiciera maldades a los demás dinos del salón.

Un día programaron en la escuela una salida de campo, Dino Rex estaba feliz porque saldrían de la ciudad y estarían cerca de la naturaleza.

Cuando estaban saliendo en el bus de la escuela, la profe Triceratops advirtió a todos los dinos que por favor no se fuesen a separar de ella y que siguieran sus indicaciones.

Como era de esperar, Dino Rex se bajó del bus y lo primero que hizo fue jugarle una broma a Joselito Alosauro y luego se fue corriendo a esconder tras un enorme baobab.

El pequeño Dino no sabía que allí había un pozo de arena movediza y esta comenzó a tragárselo lentamente.

¡Ayúdenme, ayúdenme, profe Tricera, profeeee, ayudenmeeeee! – gritaba el desconsolado y desobediente Dino Rex.

Después de mucho gritar y llorar, por fin lo escuchó Joselito quien llamó de inmediato a la profe Triceratops.

Todos tomaron una soga y sacaron al pobre, asustado y desobediente Dino Rex.

Cuando ya estaba a salvo, Dino Rex miró con mucho cariño a esos dinosaurios que le salvaron la vida.

Prometió nunca más hacer broma a los otros dinos y además dijo que sería el mejor dino del mundo.

Desde ese día doña Tiranosauria Rex no sería más la pobre mamá de Dino Rex, a partir de ese día sería la mamá más feliz del mundo y la profe Triceratops ¡También!.

¿Viste? los cuentos de dinosaurios para niños pueden ser muy divertidos, ahora escucha este otro

La casa en el árbol

Esta es la historia de tres dinosaurios:

Juanchito, Pablo y Camila, eran muy buenos amigos, siempre estaban juntos, hacían las tareas juntos y además eran vecinos en el vecindario. 

Un día a Juanchito se le ocurrió la idea de que construyeran una casa en el árbol, era una fantástica idea porque así tendrían un club donde reunirse.

Camila y Pablo estuvieron de acuerdo y de inmediato se pusieron manos a la obra.

Consiguieron tablas, clavos, martillo, hojas de palma y otras cosas más. Mientras estaban construyendo su casa en el árbol apareció Iguanodón que era uno de esos dinos bromistas y malcriados que andan por ahí haciendo maldades.

En un descuido de los tres amigos Iguanodón les tumbó las tablas que habían montado en una rama del árbol y además les escondió el martillo.

Juanchito tenía mucha rabia y quería pelearse con Iguanodón.  En ese momento a Pablo y Camila se les ocurrió una idea, una mágica idea.

Oye Iguanodón ¿Quieres acompañarnos a construir nuestra casa en el árbol? – le dijeron con entusiasmo, a lo que Iguanodón asintió.

No fue Fácil trabajar con Iguanodón, pero fue la mejor idea, porque así se evitaron una pelea y además construyeron una hermosa casa en el árbol.

Una vez terminaron de construir la casa convidaron a Iguanodón para que fuese su amigo.

Sin pelearse y con la amistad como acompañante estos cuatro amigos fueron felices en su casa en el árbol.

Del baúl de la imaginación pueden salir cientos de cuentos de dinosaurios para niños, solo es que despiertes el niño que hay en ti…

Palabras feas para dinos feos

Mamá estegosaurio y papá estegosaurio estaban cansados de las malas palabras del pequeño Pedrito, como habían llamado a su pequeño estegosaurio. 

En la escuela las profesoras no soportaban sus insultos y en la casa las malas palabras siempre estaban en la boca de Pedrito.

Un día el pequeño Pedrito se encontró un humano que llevaba un artefacto que multiplicaba los dinosaurios y las personas. 

Se llama espejo, ¿lo quieres conocer? – le preguntó el amable humano.

El grosero de Pedrito primero lanzó una de sus horribles palabras y luego dijo que sí.  El humano lo miró con picardía y le puso al frente el espejo, cuando lo hizo le dijo: ¡vamos!, di esas palabras feas que sabes decir.

Pedrito comenzó a gritar y a decir sus palabrotas y en ese momento un monstruo horrible comenzó a transfigurarse desde el espejo.  Pedrito se asustó mucho y comenzó a llorar, y gritaba: cállenlo, cállenlo, es muy grosero.

¡Tranquilo! Deja de decir esas palabrotas y verás como te conviertes de nuevo en el pedrito bueno- le dijo el humano.

Desde ese día Pedrito nunca más volvió a decir palabrotas, ya sabía que las palabrotas hacían feos a los dinos.

Un espejo para dinosaurios groseros puede servir como enseñanza para un niño grosero, los cuentos de dinosaurios para niños pueden ser tan divertidos como educativos…

La historia del velociraptor vanidoso y el Sauropodo

El Sauropodo siempre se caracterizó por ser uno de los dinosaurios más lentos, con su enorme cuerpo, sus patas gruesas y su cuello larguísimo pareciera que no se pudiese mover.

Sin embargo, era un dinosaurio con un gran corazón pues siempre era amable y siempre estaba ayudando a los demás.

Un día mientras comía unas frutas se encontró con el vanidoso y veloz Velociraptor.

Oye lento amigo, ¿qué tal si apostamos una carrera para ver quién gana? – le dijo el Velociraptor a nuestro amigo.

No me molesta la idea, pero si te ganó me debes abastecer de frutas por un año – le respondió con humildad el Sauropodo.

Me parece muy buena tu idea, y si te gano tu me debes llevar a parajes con carne fresca ¿Te parece? –  concertó el velociraptor mientras sonreía con malicia, ¡Claro! Era muy veloz y lo más probable es que fuese a ganar.

Llegó el día de la carrera, todos los dinosaurios creían saber quien iba a ganar la carrera, de hecho, las apuestas iban todas en favor del velociraptor. 

A sus marcas, listos, ¡Fuera! – gritó con mucha energía el Tiranosaurio Rex.

Los primeros minutos no eran para nada emocionantes pues el velociraptor llevaba la delantera por muchos metros de ventaja.

Lo que nadie sabía es que la vanidad y la confianza se iría a apoderar del velociraptor.

De acá a que este sonso me alcance yo estaré muy tranquilo en casa, así que echaré a dormir una siestita acá– se dijo el velociraptor quien se acostó bajo una palmera.

Mientras el velociraptor iba entrando en un sueño profundo, nuestro amigo, el Sauropodo, fue cogiendo ventaja y hasta se animó para caminar un poco más rápido, incluso hasta pudo trotar.

El velociraptor pudo soñar que el Sauropodo le traía unos suculentos platos con carme fresca y sabrosa, mientras soñaba sonreía. 

Lo que no sabía es que a unos escasos centímetros de la meta el Sauropodo estaba llegando ya.

Animo Sauropodo que nada se a perdido, un esfuerzo más y ya lo habrás vencido-gritaban desde las tribunas todos los dinosaurios.

Ese bullicio despertó al velociraptor que de inmediato se puso en marcha para alcanzar la meta, pero no, ¡ya era muy tarde! Sauropodo ya había ganado la carrera y la apuesta.

Desde ese día el velociraptor debió buscar frutas para el Sauropodo mientras comprendía que ser vanidoso y fanfarrón no era tan bueno.

No cierres el baúl de cuentos de dinosaurios para niños…

Sigue alimentando la mente de tus pequeños con historias recargadas de prehistoria.

Imagina un mundo mejor para tu hijo desde esas imágenes que  puedes recrear con los dinosaurios. 

En Hakuna Matata Psicólogos estamos contigo para guiarte por entre esos mundos jurásicos, fantásticos, de nuestros niños.