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Durante mis años de vida he sido fiel testigo de las múltiples formas de familia que existen, pues yo misma pase de tener una familia nuclear en la primera infancia, donde vivía con mis padres y mis hermanas a vivir con una familia extensa, con mis abuelos y tíos, luego mono parental, sólo con mi madre, luego unipersonal y posteriormente mixta, incluyendo a mi cuñado. Si. Hemos cambiado, o por mejor decirlo, nos hemos adaptado a las diferentes circunstancias que han llegado con los años.

Sin embargo, y muy por encima de todos estos cambios de tipología, existe un aspecto que se ha sostenido presente, como un ritmo silencioso e interminable, como algo que viene con tu compra y de lo cual no puedes deshacerte, ese algo que está presente en cada lugar donde voy, quizás porque lo llevo conmigo o porque lo encuentro en todas partes, ese algo es el amor.

Pero no un amor romántico sino realista, un amor de batallas, de victorias, de triunfos y fracasos.

Mi familia ha pasado por dificultades de muchos tipos, de crianza, de pareja, de hermanas, ha transitado por muchas situaciones, algunas de las cuales es triste recordar porque nos hemos ofendido e ignorado.

Pero en este micro sistema, donde cada una buscaba su propia realización, cuando pensábamos que no habría solución e incluso a veces después del pasar del tiempo, repentinamente aparecía una luz para recordarnos los lazos que nos acercaban, las muchas cosas en común que existen en una familia, y lo lindo que se siente un abrazo fuerte de acogida y apoyo, como un buque salvavidas en medio de la tormenta.

Hoy tengo el privilegio de formar una nueva familia, y no dejo de encontrarme con situaciones como las que viví anteriormente, con algunos cambios, algunos difíciles, otros también, pero brilla al final una luz en mi corazón que me da la certeza de que al final todos saldremos fortalecidos y vencedores, y estoy segura de que el fuerte abrazo familiar que llega después de los problemas tiene un espacio gigante en las personas y es capaz desde de sanar heridas hasta salvar vidas.

Al final del día, como no exaltar las familias, esos pequeños grupos que luchan por superar sus dificultades, que discuten, que lloran, que ríen y que al final buscan un destello de luz que les muestre el camino.

Laura Idarraga,
Psicóloga con Enfoque Humanista

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