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Para muchos padres la palabra Pataleta es más común de lo que quisieran, puesto que sus hijos utilizan éste mecanismo cada vez que quieren conseguir algo.

Es así como la pataleta es mucho más que la Pataleta, puesto que se convierte en vergüenza con otros padres o personas ajenas ante los gritos y berrinches de sus hijos, en culpa consigo mismos al no saber controlar la situación y en frustración al pensar que no saben cómo manejarlo o cuánto tiempo va a durar.

Desde mi punto de vista considero que desde allí se puede extraer información importante sobre esta situación, puesto que la actitud de los padres y acciones que llevan a cabo pueden ser reforzadores de la conducta del niño, ya que de lo contrario si éste no alcanzara su objetivo con la pataleta usaría otro método para lograrlo.

Quiero decir con esto que los seres humanos usamos distintas estrategias para conseguir nuestros propios fines; algunos adultos trabajan fuertemente todo el año para obtener el bono al final del año, algunas madres llevan regalos a la profesora por supuesto por su excelente labor, y además, para que tenga en consideración a su niño en ciertas actividades escolares, algunos hijos se portan muy bien durante todo el periodo para ganarse un monopatín al final del mismo.

Las personas nos movemos gracias a las motivaciones y son éstas motivaciones las que nos preparan para ser recursivos y buscar maneras de lograr nuestros objetivos.

¿Y por qué mencionar estas situaciones hablando de la pataleta?

Porque los niños ensayan diferentes medios para lograr sus objetivos, lo cual es absolutamente aceptable visto desde el punto de vista de que reconocen sus propias necesidades o gustos, no obstante, la pataleta se convierte en una buena estrategia cuando el niño obtiene el resultado esperado, incluso después del grito, la palmada, el regaño, al final, si el niño obtiene lo que deseaba habrá valido la pena todo lo demás.

Así que… son los padres responsables por las pataletas reiteradas de sus hijos?

La respuesta es sí. Pero no hay de qué preocuparse, pues así como son responsables por esto también lo son por la superación de las mismas, por el mejoramiento de las conductas y por las dificultades pequeñas y grandes que empiezan a resolver.

Finalmente la pataleta de los niños se convierte en una invitación para los padres, una invitación a revisar como están manejando su propia frustración, que estrategias están usando para lograr sus objetivos, como se sienten con el tema de ser autoridad para alguien, son líderes de sus propias vidas?, tienen miedo al qué dirán?, que estrategias usan para conseguir afecto?… en pocas palabras, una invitación amorosa a encontrarse y encontrar su posición frente al mundo y frente a su hijo, una invitación a auto descubrirse, a cambiar… a terapia!

Laura Idárraga L.
Psicóloga Hakuna Matata

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