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Descuidar nuestros niños puede traer consecuencias negativas en el futuro.  Muchas veces el trabajo, las responsabilidades y la rutina de nuestros días hacen que nos olvidemos de esos pequeños que necesitan de nuestro cuidado, apoyo y comprensión, abriendo en ellos abismos en sus vidas que podrían provocar una crisis emocional o existencial.

Recuerdo en mi época de estudiante universitario a un excelente maestro en psicología educativa que nos decía: «siempre he demostrado que el comportamiento y las actitudes de los niños, están ligados por el ambiente en el que crecen».   Ahora que tengo un poco más de conocimiento me he dado cuenta lo acertadas que eran las palabras del profesor, constantemente me he topado con casos donde veo reflejada aquella frase.  El tema central entonces lo desarrollaré en torno a un caso específico:

Un paciente, de corta edad, con dificultades tanto comportamentales como académicas, fue remitido a consulta.  Después de varias sesiones se pudo identificar que su problemática estaba relacionada con el ambiente que vivía en su hogar, además de evidenciarse el descuido y negligencia por parte de su cuidador más cercano.  Como consecuencia de ello tuvo un episodio traumático que le llevó a desarrollar un esquema disfuncional frente a los hombres. Constantemente el rechazo que mostraba hacia la figura masculina más cercana se daba como compensación a lo que había sufrido hacía un tiempo en su hogar.

Es evidente entonces que las experiencias negativas que se viven durante los primeros años de vida pueden desarrollar ciertas ideas o pensamientos perjudiciales en el proceso de desarrollo de nuestros niños y niñas.  Para el caso de estudio  implementamos un plan terapéutico donde se  logró articular con sus padres un régimen orientado a mejorar el entorno donde se desarrollaba el paciente, restablecer la confianza perdida y elaborar el desafortunado y trágico momento hacia una superación del mismo.

Este caso es una de los miles de situaciones en donde nuestros niños son los afectados, es fundamental entonces crear espacios propicios para su crianza y educación. El ambiente en el que crecen, como recalcaba mi profesor, es determinante para entregar a la vida y la sociedad personas con una proyección asertiva y positiva frente a los retos que se presenten en el camino.

A continuación dejaré unas recomendaciones que servirán para crear espacios positivos a la hora de criar nuestros niños:

  • Cuidar el ambiente donde ellos crecen.
  • Atender las relaciones interpersonales que desarrollan a medida que crecen.
  • Tener un cuidado especial respecto a las personas con quienes dejamos a nuestros hijos.
  • Comprender que los niños son el síntoma de sus padres y, en esta medida, las experiencias vitales que viven en su núcleo familiar tienen un accionar directo sobre el desarrollo del niño.
  • Privilegiar las experiencias vitales tempranas que viven nuestro niños para direccionar su futuro por el rumbo adecuado.

APRENDIENDO PSICOLOGÍA PARA LA VIDA

Uno de los autores más representativos en la psicología introdujo el concepto de esquemas disfuncionales tempranos como el producto de una interacción entre necesidades emocionales centrales y experiencias tempranas que generan un esquema estable y duradero a lo largo de la vida del individuo, es decir, experiencias tempranas principalmente negativas pueden desarrollar ciertas ideas o pensamientos «esquemas» negativos que pueden ser perjudiciales.

Santiago Pérez Gallego
Psicólogo Hakuna Matata

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